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Diagnóstico sobre la situación laboral de las personas travesti trans en Latinoamérica y el Caribe

Material elaborado en el marco del programa Contratá Trans, liderado por Impacto Digital

Durante los últimos quince años las personas trans han vivido un proceso de visibilización y formulación de demandas sociales sin precedentes. En todo el mundo se han organizado y luchado por el reconocimiento y cumplimiento de sus derechos. En consecuencia, algunos gobiernos y actores del sector privado han generado acciones para mejorar su calidad de vida, pero aún así queda mucho camino por andar:
las personas trans continúan mayoritariamente inmersas en la pobreza, casi sin posibilidades de ascenso social y sufriendo una vulneración permanente de sus derechos humanos que incluye la discriminación y expulsión del ámbito laboral formal.


En la región, más del 80% de las personas trans manifiestan que las búsquedas laborales son situaciones particularmente hostiles dada la discriminación que reciben por su identidad y expresión de género (REDLACTRANS, 2020). En un estudio global (Johnson, 2015), el 55% de las personas trans encuestadas piensa que si se declaran trans en el trabajo, esto podría tener un efecto negativo en las perspectivas de futuros ascensos u oportunidades. Así, el trabajo sexual o el ejercicio de la prostitución se presenta como la única opción para la mayoría de las mujeres trans: un estudio de RedLacTrans (2014) indica que aproximadamente el 80% de las mujeres trans en América ejerce el trabajo sexual, mientras que las estimaciones de algunos países muestran cifras mayores, entre el 94 y 95% en Perú y Chile, respectivamente. En cuanto a las iniciativas informales por cuenta propia o en cooperativas, para las mujeres trans y travestis, se destacan el rubro de servicios de belleza y manufacturas (Morales, 2019). Los varones trans, por su parte, suelen trabajar por cuenta propia de manera precaria (Morales, 2019).


Contrario a lo que nuestras sociedades parecen considerar, las personas trans tienen muchísimo que aportar en los ámbitos laborales: cuentan con saberes informales de enorme valor para cualquier organización y contribuyen de manera central en la cultura de cada lugar de trabajo. Las organizaciones se vuelven más empáticas, receptivas a nuevas ideas, entienden mejor a sus clientes y está comprobado que generar espacios de libertad, confianza y seguridad para quienes trabajan allí, incrementa la productividad de los equipos integrados por personas LGBT+ alrededor de un 25% y las ganancias de las empresas consecuentemente (Johnson, 2015). A su vez, si se les considera como clientes: más del 50% de las personas LGBT+ de Brasil sostienen que comprarían los productos de una determinada marca si supieran que es inclusiva con las personas del colectivo (Johnson, 2017).


Podemos identificar ciertos casos de “buenas prácticas” tanto en el sector público como en el privado como ser: la formación de Cooperativas entre personas trans, reconocidas por el Estado; normativas de cupo laboral; políticas de capacitación en perspectiva de género y diversidad en el sector privado desde un enfoque de derechos humanos; bolsas de empleo; becas para la formación profesional; programas
estatales de reconocimiento a empresas que trabajan en la inclusión y no discriminación; incentivos económicos para empresas inclusivas; alianzas entre empresas para la inclusión de las personas LGBT+.

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